Título: Frida Saal como madre
Por:Clea Saal
Idioma: Español
Otras versiones: Frida Saal as a Mother (English)
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Frida Saal como Madre (por Clea Saal)

English Language Papers

Lacan ◊ Derrida


The forced card of the clinic


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The beautiful difference and beyond


A Lapse of Memory Remembered, or, Sexuality in Old Age


Greenaway: A Book to See, a Film to Write


Dream, Desire and Guilt


Frida Saal as a Mother (by Clea Saal)

Frida Saal como madre
Clea Saal

Es extraño... cuando me pidieron que escribiera estas líneas mi primera reacción fue de desconfianza... desconfianza porque sentía que se trataba de un campo minado. Es difícil describir en un par de páginas una relación tan compleja como la que me une con mi madre (su muerte no implica para mi el fin de esa relación, dado que ésta afectará el resto de mi vida), e incluso si lograra hacerlo, corro el riesgo de caer en las trampas de la trivialidad, la sensiblería y los lugares comunes, o, intentando evitarlos, irme al polo opuesto y caer en la insensibilidad y la indiferencia. Por un lado se trata de una nota emocional en lo que debería ser un reconocimiento intelectual que, en mi muy parcial opinión, se sostiene por si solo. Por otro lado mi relación con mi madre es algo personal, e imposible de comprender desde afuera.

Lo primero que debo decir de ella es que siempre me guió con su ejemplo, que me enseñó como vivir y, por qué no decirlo, como morir. Siempre estuvo ahí para apoyarme, pero nunca permitió que su cariño la cegara, confiaba en mí y, por eso mismo, nunca me permitió dar menos del cien por ciento. Me enseñó también que es mejor confiar de mas que de menos.

En lo intelectual era particularmente estricta, pero siempre me mostró su respeto. Incluso cuando mis opiniones diferían de las suyas jamas se mostró despectiva, nunca me descalifico en base a mi edad o a mi inexperiencia. Nuestros gustos podían ser distintos, pero comprendía que eso no le daba el derecho de menospreciar mis opiniones. No creía que su perspectiva era "la correcta" a priori y eso le permitía escucharme abiertamente. Era mi madre, pero en su relación conmigo, donde sabía que su experiencia era mayor, no pensó ni por un momento que esto la hacía infalible y esa es la clave que le permitió seguir aprendiendo y seguir creciendo a lo largo de su vida, el no menospreciar nunca a su interlocutor, sin importar su edad, buscando siempre los puntos de contacto mas que los de discrepancia.

Su trato con la gente siempre fue suave y respetuoso, pues esta es quizás la palabra clave para describirla, el respeto que siempre mostró por todo y por todos. Creo que pocas personas recuerdan haberla visto alguna vez realmente molesta, aún si yo me cuento entre esas pocas. Supo sacar lo mejor de la gente que la rodeaba a base de cariño y confianza. Fue para mi una excelente maestra y una excelente amiga.

Esta es otra cosa que debo agradecerle es el haber permitido que la relación entre nosotras creciera a medida que yo lo hacía, que no intentara detenerme ni atarme, sino que por el contrario siempre me animara a ir un poco mas lejos. Le agradezco el haber sabido ser mi amiga. Nunca intentó imponerse en base a la autoridad que le daba el hecho de ser mi madre, sino que siempre me mostró el suficiente respeto para permitirme desarrollar mi propia personalidad, lo cual no quita que, como madre e hija, hayamos tenido numerosas discusiones a lo largo de los años. Comprendía claramente que Clea no era una extensión de Frida, que su papel consistía en ayudarme a buscar mi propio camino y siempre me dio su apoyo para poder intentarlo con la confianza de que hiciera lo que hiciera no estaría sola, y que a lo que no debo renunciar nunca es a ser yo misma.

Al releer las líneas que he escrito, me encuentro con una imagen que es totalmente ajena a mi madre, no porque lo que aquí he escrito sea falso, sino porque proyecta una imagen rígida y exigente, cuando el mérito de mi madre siempre fue el saber ocultar esas dos características sin renunciar a ellas. Entre las cosas que mas recuerdo destaca su sentido del humor, rápido y no carente de malicia que me obligaba a mantenerme siempre lista para poder responderle en su mismo nivel, con la confianza de que pese a una aparente agresividad ambas conocíamos bien las reglas del juego, y nos podíamos permitir estas salidas gracias a la certeza de que ninguna de las dos saldría lastimada, pues a la mas mínima señal la otra pararía.

Siempre me animó a aprender, persiguiendo mis propios intereses, y no solo me exigía al máximo, sino que me exigía exigirme a mi misma... me permitía y me alentaba a seguir mi propio camino, pero nunca intento interferir en cual debía ser este... me guió con cariño, y siempre temí mas a su decepción que a su enojo.

Durante los años que duró su enfermedad nunca se rindió, siguió viviendo su vida plenamente, disfrutando lo que tenía y sin lamentar las cosas que no podría hacer. En cierto modo esta enfermedad nos hizo aún mas unidas, ambas sabíamos que cantábamos con poco tiempo y lo aprovechamos al máximo, lo que nos permitió despedirnos sin lamentar las oportunidades desperdiciadas. Me habría gustado tenerla por siempre conmigo, pero irónicamente fue la consciencia de que no sería así la que nos permitió llevar nuestra relación a un nivel diferente, pues sabía que no solo debía guiarme en el presente, sino dejar marcado el camino para el futuro, que debía darme ahora los consejos y la fuerza que tal vez deberían haber esperado a que yo tuviera treinta, cuarenta o cincuenta años.

El apoyo que me dio, el cariño que me mostró y la confianza que me tuvo son, junto con sus enseñanzas y sus recuerdos, el legado que me dejó, se que ahora depende de mi demostrar que no se equivocaba al confiar en mi.

Clea, Abril 1998 


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