Título: Escansión, interpretación y acto
Por: Frida Saal
Idioma: Español
Sections: Home/Blog/Books Frida Saal Fanfiction POD comparison Contact us!
Trabajos en Español

Lacan ◊ Derrida


La Carta Forzada de la Clínica


Ética Zapatista, Ética Psicoanalítica


La Bella Diferencia y Más Allá


Memoria de un Olvido, o, La Sexualidad en la vejez


Greenaway: un Libro para Ver, un Film para Escribir


Escansión, interpretación y acto


El nombre del Padre como suplencia


Sueño, deseo y culpa


Frida Saal como Madre (por Clea Saal)

English Language Papers

Lacan ◊ Derrida


The forced card of the clinic


Zapatist and Psychoanalytical Ethic


The beautiful difference and beyond


A Lapse of Memory Remembered, or, Sexuality in Old Age


Greenaway: A Book to See, a Film to Write


Dream, Desire and Guilt


Frida Saal as a Mother (by Clea Saal)

Escansión, interpretación y acto
Frida Saal

La práctica de sesiones de duración variable es una marca distintiva del psicoanálisis lacaniano. El término escansión -que en el lenguaje de la poética significa medida de los versos- ha sido adoptado para designar ese punto, variable en el tiempo cronológico, dependiendo de lo que sucede allí, en que la sesión se interrumpe. El vocablo se ha generalizado en este nuevo sentido y se ha integrado al vocabulario psicoanalítico.

Esta práctica no era, sin embargo, la de Freud. Con él las sesiones tenían un tiempo fijo -de 55 minutos- rigurosamente controlados por el discurrir del reloj.

Es del conocimiento de todos que esta práctica heterodoxa inaugurada por Lacan fue uno de los motivos de máxima controversia en las discusiones que culminaron con la escisión de la Sociedad Psicoanalítica de Paris en 1953. El manejo que Lacan hacía de la duración del tiempo de la sesión, especialmente en los análisis didácticos, había sido motivo de quejas y de llamadas al orden institucional.

En nota al pie de página en su Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis, Lacan afirma: "Piedra de deshecho o piedra angular, nuestra fuerza es no haber cedido sobre este punto".

Los documentos de la época muestran que la situación fue en verdad más complicada y oscura que lo que se desprende de esta supuesta intransigencia con matices heroicos.

En carta a Lowenstein del 14 de julio de 1953, Lacan escribía a quien fuera su analista: "yo había declarado publicamente que, sometiéndome al principio de los standards fundados sobre un reglamento profesional, en tanto pasábamos a un estadio de organización de la profesión, yo no volvería más sobre esta práctica (la del acortamiento de las sesiones), cualquiera que me hubiera parecido su interés, y que había regularizado progresivamente todos mis análisis didácticos y los había puesto definitivamente en los tiempos reglamentarios desde fin de año, sin que se haya podido levantar contra mí, la menor infracción". ¿No haber cedido? O lo que le dice a Lowenstein no es cierto o la nota de 1966 al artículo de 1953 no lo es.

Lacan no cumple, eso es un hecho, en el corto o en el mediano plazo, y de ese incumplimiento hará después un rasgo de honor.

Por otro lado nos enteramos en la monumental investigación de Elisabeth Roudinesco, La batalla de los cien años (Histoire de la psychanalyse en France, 2, Seuil, 1986), que Lacan había pedido a sus analizados que declarasen, ante la comisión investigadora de la I.P.A., que había normalizado el tiempo de las sesiones.

Promesas, falsas aceptaciones, mentiras, espera... todo esto configura alrededor del tiempo de duración de las sesiones una verdadera piedra de escándalo, toque a quien toque, y hace de esta variable quizá el parteaguas esencial, o al menos el más visible, entre el lacanismo y el resto de los descendientes de Freud. Históricamente es así.

La práctica de la escansión se generalizó, análisis didácticos mediante, hasta convertirse en shibboleth para el reconocimiento recíproco entre los lacanianos. Al mismo tiempo esta innovación despierta la desconfianza en la mirada evaluadora de quienes no comulgan con ella. Sobre todo porque se fue produciendo, en Lacan primero y en sus discípulos después, un deslizamiento que llevó del tiempo variable de la sesión a las así llamadas sesiones cortas, más aún a las sesiones ... cortísimas.

Serge Viderman, en un libro que lleva por título Del dinero en psicoanálisis y más allá (P.U.F., 1992), dedica un capítulo urticante al tema de la duración variable de las sesiones. Sus críticas se podrían sintetizar así:

"se produce una subversión del tiempo convenido".

Digamos por nuestra parte que es bastante evidente que sólo habría tal subversión desde la fijación de un standard y desde la aceptación de una convención. No es el caso cuando es el standard mismo el que está cuestionado y por lo tanto ninguna convención es vulnerada.

"que las reglas dictadas por el analista acrecentarían la disimetría de la relación de las fuerzas que operan en el espacio analítico".

A esto tambìén se podría objetar diciendo que la decisión fuerte permanece del lado del analizante en quien reside la posibilidad última de rechazar las condiciones planteadas por el analista. Es, sin embargo, una posibilidad relativa. No se puede ignorar que está allí en juego la transferencia, condición de todo análisis, que puede inducir situaciones de sometimiento. Amor y odio de transferencia están presentes y alternan en su irrupción.

El que la variación de las sesiones se dé siempre en la dirección que posibilita al analista llevar un número mayor de análisis simultáneos induce a Viderman a decir que: "la variación siempre se da en la dirección de los intereses del analista sin que nadie haya pedido la opinión de los analizantes".

Son los mismos argumentos por los que Elisabeth Roudinesco, en la obra antes mencionada, puede hablar de la ambición y el afán de lucro de Lacan, comentarios estos que han sido motivo de tantas reacciones de irritación. No se trata de asumir ninguna defensa, sino más bien de pensar que algo muy delicado se juega en torno a la cuestión.

Podríamos descalificar con facilidad las críticas no reconociéndoles pertinencia y anularlas por proceder de una mirada exterior. Nos encerraríamos así en una complacencia narcisística: sólo habemos nosotros para juzgar de lo que hacemos, y hasta podríamos usar esa ¿pequeña? diferencia como timbre de orgullo: Dios reconocerá a los suyos.

Esas críticas deben ser escuchadas y habrá que asumir el riesgo y hasta la realidad de la desnaturalización de la práctica de escucha del inconsciente que implica el abuso indiscutible cometido en algunas provincias del reino lacaniano en el acortamiento de las sesiones. Se puede llegar hasta situaciones caricaturescas donde la imitación de los modos de Lacan reduce la sesión al gesto del pago (y del cobro) elidiendo toda posibilidad de escuchar. El despliegue del discurso del analizante requiere del tiempo, no de un tiempo fijo, pero tampoco de su anulación.

Hay que atender a la voz de los que cuestionan, ellas revelan lo que puede ser un síntoma, y no necesariamente de quienes se inquietan. Oídas en su verdad constituyen la materia para formular preguntas.

Sin embargo, ninguna de las críticas puntualizadas se acerca a la que a nuestro modo de ver, reviste mayor gravedad: si Lacan se erige contra el uso estandarizado del tiempo y contra la ritualización de ciertas reglas -que eluden reflexionar la práctica- corremos, por ser "lacanianos", el riesgo de hacer de las sesiones breves el objeto de una nueva ritualización. Corremos el riesgo de crear un nuevo estándar.

Por eso hace falta regresar a los fundamentos psicoanalíticos ligados a la estructura discursiva del inconsciente, y ver si desde allí la práctica de la escansión no sólo se justifica sino que se impone.

Dice Lacan en Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis (Escritos, p.242): "Así, es una puntuación afortunada la que da su sentido al discurso del sujeto. Por eso, la suspensión de la sesión de la que la técnica actual hace un alto puramente cronométrico y como tal indiferente a la trama del discurso, desempeña en él un papel de escansión, que tiene todo el valor de una intervención para precipitar los momentos concluyentes. Y esto indica liberar a ese término de su marco rutinario para someterlo a todas las finalidades útiles a la técnica". El alto, la suspensión, la escansión, debe estar determinada por la trama del discurso, para ello es necesario que haya discurso.

La referencia a los tiempos concluyentes remite al trabajo en que Lacan modaliza las características temporales: El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma. (Escritos, p.187).

Recordemos brevemente su argumento. Se trata de un problema lógico planteado en términos de ficción: un director de cárcel se ve en la opción de dejar salir en libertad a un prisionero, siendo tres los que merecen la excarcelación. El director decide someterlos a una prueba lógica, prometiendo la libertad al primero que solucione el dilema: va a colocar en la espalda de cada uno de los prisioneros un disco, cuyo color puede ser negro o blanco. El director dispone de dos discos negros y tres discos blancos. Los prisioneros no pueden hablar entre ellos y saldrá en libertad el primero de ellos que adivine su color, luego de lo cual coloca un disco blanco en el dorso de cada uno. Llamemos a los prisioneros A, B y C. El razonamiento que conduce a la salida discurre así: A parte de la hipótesis de ser negro: "si yo fuera negro, B habría adivinado el color de su disco porque de no ser él blanco, C ya habría visto dos discos negros, y adivinado en consecuencia, el color del suyo, ese blanco que yo, A, veo en él y en B. Si C no ha salido es porque no vió dos discos negros y como B no adivinó el color que le pertenecía, luego mi color no es negro, sino blanco". Así discurre A, sobre su ser, respuesta que solo puede alcanzar desde y a través de los otros.

Hasta allí la parte clásica del problema. Lacan le agrega el tiempo necesario de dos vacilaciones para poder llegar a la certidumbre anticipada.

Dado que cada uno de los prisioneros se juega la libertad, que a cada uno le va en ello la vida, realizan todos el razonamiento anterior que los lleva, todos a una a enfilarse hacia la salida. La duda los detiene al mismo tiempo ¿Sale B porque adivinó su color? ¿Sale C porque vió dos negros?

El hecho de que los tres se detengan al mismo tiempo, en un movimiento por dos veces suspendido, adelanta la certeza que precipita la conclusión, el apresuramiento hacia la puerta de salida, hacia la libertad ganada en el acto.

Lacan subraya tres modalidades de la temporalización: el instante de la mirada que tiene la duración de un Augenblick, un abrir y cerrar de ojos, ante ellos se despliegan los signos de un enigma, no hay allí correr del tiempo, todo está dado al mismo tiempo; el tiempo para comprender, en el que se da el desarrollo del razonamiento que permite la solución del problema, es un tiempo que transcurre, una diacronía y, finalmente, el momento de concluir, que pone límite al tiempo para comprender, y fuerza a la precipitación, allí donde el sujeto debe arriesgarse, en su re-solución hacia la salida.

Es necesario relacionar esta modalización del tiempo lógico con la manera en que ha de operarse en la sesión analítica y desde allí dar cuenta del sustento teórico de la práctica de las duraciones variables de la sesión.

En un excelente artículo de Marie-Magdeleine Chatel (L' acte de ponctuation ou le temps de la coupure des scéances courtes. Esquisses psychanalytiques, nº 15, 1991, pág. 37) se señala que el corte, la puntuación, da al après-coup al que pone a funcionar, su real alcance. Sugiere que en el transcurso de la sesión se ponen en juego tres dimensiones temporales :

a) la sincronía del momento de la mirada que correspondería al registro de lo imaginario;

b) la diacronía del tiempo para comprender, donde estaría en juego el registro simbólico concretado en la tarea asociativa, y,

c) la puntuación, el tiempo para concluir con el corte, que impone un borde infranqueable a las otras dos dimensiones y que corresponde al registro de lo real.

Al transcurrir la sesión el analizante sustrae de la sincronía del ello, de ese espacio sin tiempo, los motivos que temporaliza asociativamente en la diacronía de su encadenamiento discursivo. Se juega allí en la interacción preponderante de dos registros. Imágenes y recuerdos son transpirados por la sucesión de las palabras. Se simboliza la imagen y el ritmo de las asociaciones puebla el espacio analítico. El corte imprevisto de la sesión produce, como todo corte, un borde que contornea lo real: el primer efecto es un efecto de despertar que pone tope a todo lo que desde el yo del analizante se organiza en el "querer decir ". En tanto que tope, que subrayado, que interdicción, la primera función del corte es la de un vaciamiento de sentido. Vacío que posibilita una reorganización distinta y abre el material a un sentido diferente. Se trata de un descentramiento similar al que produce el chiste, relanza al discurso por una vía diferente. Es en ese sentido que todo corte, por sus efectos, funciona como interpretación, no siendo válida la inversión de esta frase en su contraria. Hay diferentes modos interpretativos que no se reducen al corte.

Las preguntas que despuntan en quien sigue esta argumentación no dejan de acumularse al llegar a esta encrucijada. ¿Cómo sabe el analista cual es el momento del corte o de una puntuación afortunada? ¿Cómo podría él conocer el momento de concluir con el tiempo para comprender que es propio del analizante? ¿Cuál habría de ser y de dónde podría proceder su saber?

Las respuestas no son fáciles porque, en primer lugar, el analista no sabe. Hay algo que sin embargo sabe con certeza: que eso que él va a hacer habrá de producir efectos. Hay una vacilación calculada del tiempo en la que el psicoanalista arriesga y se deja sorprender, él también, por los efectos que retroactivamente, après-coup, habrá producido el corte sobre el discurso, en cuyo caso habrá sido interpretación. Esa es su apuesta, su intervención no programada.

El corte de la sesión puede subrayar un significante del discurso del analizante, puede dejar planteada la pregunta por el enigma de un lapsus, puede poner un tope a la procrastinación obsesiva, puede ponar un límite al goce de la complacencia en el síntoma de la histérica, puede cortar una palabra para hacer surgir un sentido sorpresivo.

Esas son las razones por las que el analista no puede privarse del recurso a la escansión. Sin él el anàlisis correría el riego de dirigirse a un estancamiento, más aún, a extenderse al infinito.

En esta dirección la escansión está intimamente asociada con la función interpretativa, no como función hermenéutica de traducción de sentido o de aditamento metafórico. Vacía allí donde no dice y relanza. Dice no a un sentido único o último. Más bien es una desconstrucción y un vaciamiento de sentidos preexistentes.

La otra vertiente por la que queremos abordar el tema de la escansión se articula con el acto analítico. Para ello podemos apoyarnos en dos puntas. Por un lado, volver al apólogo de los prisioneros para ver en él la metáfora de la producción del sujeto dividido que es el resultado del acto: es a partir de un significante propuesto por el Otro -en la ficción el director de la cárcel- pasando por las identificaciones imaginarias con los semejantes -los otros presos- pero también separándose y diferenciándose de ellas que el sujeto $ sale hacia la vida, dejando un desecho de su propio ser, causa de su división, motor de su deseo.

Nos encontramos con la otra punta en el seminario sobre el acto psicoanalítico. La carta de ciudadanía del acto, en la perspectiva del psicoanálisis, viene desde la Psicopatología de la vida cotidiana, allí donde el acto fallido, en su tropiezo, se manifiesta como revelador de la verdad. Comenta Lacan: "el acto, todo acto no deja de caer bajo el mismo mecanismo , a saber, que puede ser planteada la cuestión de otra verdad que la de su intención". (J. Lacan: Seminario "El acto psicoanalítico", lección del 6 de diciembre de 1967, inédito.)

El peso de la determinación inconsciente legitima para todo acto la pregunta por la verdad que encubre y abre la posibilidad de su falla, es decir, de su verdad.

El acto es también acta, certificación de un comienzo, que como todo comienzo se articula con un final. ¿De qué comienzo se trata? La pregunta guía de aquel seminario apunta al momento en el cual alguien adviene analista. Comienzo y fin: se comienza a ser analista al fin de un análisis. (No carece de interés señalar la correlación temporal de este seminario, con la Proposition du 9 octobre 1967 sur le psychanalyste de l'École, en cuanto a la problemática del advenimiento del psicoanalista).

"El término del análisis consiste en la caída del sujeto supuesto saber y su reducción a un advenimiento de ese objeto a como causa de la división del sujeto que viene a su lugar" (Lacan: Seminario "El acto psicoanalítico", lección del 10 de enero de 1968, inédito).

Si el analista cae como desecho es el $ en su división quien adviene.

Esta articulación de un fin con un comienzo en el acto, no implica que esto acontezca en un momento único. La escisión subjetiva, la asunción de la castración, la separación y corte del objeto se juegan una y otra vez en el transcurso de un análisis. Cada sesión, cada escansión con su marca de final inesperado precipita un cierto efecto de sujeto.

La escansión, en tanto que efecto de sentido, se ubica del lado de la interpretación, pero en tanto que efecto de sujeto se situa del lado del acto: "El (corte) hace sujeto: así ciña lo que fuere..." (Lacan: L'etourdit, pág. 43 , Scilicet, nº 4, 1973.)

Cabría tambien dar su lugar aquí al papel del deseo del analista, este es el motor que lo lleva a asumir su acto y donde, en una articulación tal vez no muy del agrado de Lacan, pone en juego lo que Nietzsche llamó amor fati, lo que lo llevaría a poder sostener y buscar este momento para nada feliz pero absolutamente necesario, definitorio.

Interpretación y acto, efecto de sentido y efecto de sujeto, ambas funciones son esenciales en la dirección de todo análisis. Ellas son demasiado importantes para dejarlas inertes en las manos de un manejo convencional del tiempo. Sí; la acción del analista implica riesgos.

Hay que buscar los fundamentos por los que en cada sesión hay que inventar el tiempo evitando caer en cualquier estándar.

Hemos recortado un problema, señalado sus riesgos e intentado algunas articulaciones. Tal es la intención limitada de este trabajo.


Sections: Home/Blog/Books Frida Saal Fanfiction POD comparison Contact us!

Site content & design © Clea Saal, 2001-2012. All rights reserved.